El brillo de la moneda

   

  La noche estaba a punto de terminar y sólo quedaba una moneda en el bolsillo de Rogelio. Las mujeres de la casa de Doña Elba no solían corresponder a gratificaciones de baja denominación, pero Rogelio estaba dispuesto a conseguir lo que fuera por el costo de una moneda. Raquel le ofreció una sonrisa, Olivia se volteó con desdén y Patricia soltó una carcajada mientras abrazaba a un trabajador que recién había cobrado la jornada.

     La moneda de Rogelio brillaba con una fuerza que quería ser promesa y valía exactamente una semana de frijoles, tortillas y carbón para mantener a su familia con las barrigas entretenidas.

     Ansioso, con la cerveza que le nublaba las prioridades, se dirigió a cada una de las muchachas, aunque no obtuviera algo más que insultos y burlas.

     Pero fue Esperanza quien  lo viera atolondrado y con la mirada hechizada por el brillo de la moneda, y conmovida en su alma por la estúpida decadencia del hombre, lo invitó a acercársele, le habló al oído y Rogelio estuvo de acuerdo. Colocó su mano en un seno, palpó la curvatura y el volumen, y por acto divino supo entonces lo que debía hacer. Regresó a su casa y fue por su mujer. La llevó del brazo a la casa de Doña Elba, recomendándosela como excelente mucama, aunque lo mejor que sabía hacer era abrir las piernas porque, a decir ella, de esa manera se enriquecía la familia.

© Einar Salcedo

~ por einaroux en Enero 22, 2008.

2 comentarios to “El brillo de la moneda”

  1. Einar todo está muy bien, sólo que es dificil y pesado leer todo con ese tipo de letra.

    saludos

  2. Hola Pablito. Muchas gracias por el comentario, ya había visto eso de la tipografía pero aún no sé cómo cambiarla. Espero arreglar pronto el defecto. Saludos.

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